Paratexto

Medios parasociales

Esta semana tuve la oportunidad de leer un breve ensayo de Danah Boyd, publicado en Social Media + Society, titulado "Parasocial Media". Su habilidad para describir y analizar el cambiante panorama tecnológico es admirable, y su análisis resulta siempre creativo, lúcido y profundamente desafiante.

El argumento principal de Danah es que no deberíamos seguir hablando de "redes sociales" o "medios sociales". La dinámica ha cambiado: los usuarios ya no publican nada, y las expectativas de ver alguna publicación de un conocido o amigo son realmente bajas. Los usuarios han pasado de publicar a hacer scrolling. Se acabó el optimismo con el que Henry Jenkins habla de "cultura participativa", del mismo modo que se ha aniquilado el concepto de "prosumidor".

Boyd propone llamarlo "medios parasociales". Aquí entra la definición de "parasocialidad": una relación emocional unilateral que se establece entre un usuario y figuras públicas, celebridades o influencers—que no conocen al usuario ni sienten presión por corresponder—. Los usuarios invierten su atención y emoción en dramas distantes.

En otras palabras, Danah Boyd describe un panorama de redes sociales y plataformas donde los usuarios no producen ningún contenido, sino que se limitan al consumo del contenido curado y cuidadosamente producido por un grupo de personas profesionales. Esta idea, claramente, no es nueva.

El ensayo concluye que fue un error colectivo aceptar y universalizar el término "medios sociales". Los mecanismos actuales son tan diferentes que requieren abandonar esa etiqueta.

Por lo tanto—y siguiendo con las ideas de Boyd—, es imprescindible reapropiarse y retomar el control del concepto "red social" o "medio social". En primer lugar, porque como bien señala Boyd, las grandes plataformas han desvirtuado profundamente su significado original. Volver a controlar la etiqueta nos permitiría usarla en espacios nuevos que (quizás) lo merecen o representan mejor lo que realmente son los medios sociales. Por ejemplo: Bearblog.dev, y tantos otros.

En segundo lugar, este proceso tiene una perspectiva ética: es necesario exigir que todo lo etiquetado como "social" (red social o medio social), se centre en la interacción humana genuina y recíproca. Esto se traduce en un acto de transparencia, donde todos los ecosistemas (redes sociales, plataformas, etc) manifiestan con claridad qué tecnología que usan, hablan sobre los procesos de curación (algoritmos) que aplican, y son claros con cualquier otro componente mediador entre el usuario y el contenido.

Para cerrar esta reflexión, es posible afirmar que dedicar el tiempo a los dramas ajenos, a conocer la vida de las celebridades o sencillamente consumir entretenimiento de forma pasiva (hacer doomscrolling) no es distinto a la ingesta de telebasura, los programas del corazón y la prensa amarillista. Durante muchos años estos formatos han sido objeto de crítica, y considerados el último peldaño en el escalafón mediático. Asimilar ambos mundos, compararlos y reconocer que son nocivos, conduce el debate hacia una infinidad de nuevas reflexiones, en las que ahora no quiero entrar, pero que tarde o temprano debemos afrontar.